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miércoles, 30 de marzo de 2011

Ante la falta de moral, el orgullo de ser como uno es

De nuevo, como era de esperar por otra parte, la derecha española, y que me perdone de verdad la gente que se siente de derechas y no representadas por el Partido Popular, ha elevado el tono del panorama, digo elevar en su sentido de amplificar, no en otro,    ya que introducir el elemento terrorista en escena me parece, cuando menos, rastrero.

Quizás en los momentos más tensos son en los que la razón y la coherencia se convierten en los únicos argumentos validos. La burda, engañosa e indignante campaña desatada por el Partido Popular contra el gobierno, contra el estado de derecho, contra las trasformaciones y derechos sociales está poniendo los elementos necesarios encima de la mesa para que, como declaro el diputado Llamazares, esto se aproxime mas ha un golpe de estado blando que a una disputa política.

No se plantea en ningún momento, ni en el campo económico, ni en el campo de transparencia, ni, ni mucho menos, en el campo de lucha antiterrorista, lo cerca o no que se esta del cumplimiento de los objetivos que como sociedad tenemos, eso no importa, solo les importa comprobar si son capaces de anular, liquidar lo que entienden como un peligro para ellos y para conservar sus privilegios. Lo intentaron con ministras, jueces, policías, sindicatos, con todos los que ha arrimado el hombro por cambiar la realidad de la ciudadanía.

Soy un convencido de que lo importante es tener claro el horizonte, y nuestro horizonte sigue siendo una sociedad que viva en paz, con desarrollo económico que sea capaz de generar ilusión, en la que las relaciones entre hombre y mujeres se basen en relación entre personas y no relaciones de poder, entre otros valores y por eso estoy orgulloso y no tengo que pedir perdón por nada.

La paz se construye luchando contra los violentos, creando cultura de paz, y si para ello hay que detener a los terroristas se les detiene, y si para eso hay que hablar de paz con quien sea, se habla. Y yo me siento orgulloso de un equipo de gobierno que es capar de esto. No busco certificado de “demócrata” y menos que me lo den gente de dudosa, y a veces no tan dudosa, trayectoria, en una democracia quien da estos certificados es la gente cuando ejerce su derecho/obligación de elegir y cuando participa en lo público.

Cada vez estoy más orgulloso de estar donde estoy.

martes, 11 de enero de 2011

Sin lineas rojas


La negociación entre sindicatos y gobierno parece, que por lo menos a fecha de hoy, no se ha roto. Unos y otros han acudido a la mesa de negociación después de determinadas puestas en escenas, que mas recuerdan a los pavos reales en sus danzas de cortejo, que a planteamientos serios y rigurosos de dos partes que se necesitan mutuamente y a las que, pese a quien le pese, los ciudadanos necesitamos.

Pasado ya un tiempo de la, digamos al menos, desafortunada Huelga General, parece que entre todos han encontrado o están intentando encontrar formulas de aproximación, formulas de acuerdo.

Ni los Sindicatos ni en Gobierno lo tienen  fácil. Los primeros se sienten y con razón, centro de algo más que un ataque aislado por una serie de medidas más o menos justificables.

Son muchos los que, desde dentro del País y desde fuera, les gustaría una relaciones laborales individuales, unas relaciones sindicales sin sindicatos y no dudan en poner autenticas “minas antisindicatos” al paso de los mismos.

Por otra parte, y no sin cierta lógica, el desgaste que a unas organizaciones sindicales, con no demasiada afiliación, les ha supuesto las diferentes crisis, el desencanto provocado por las mismas, la falta de ideas desde la izquierda y los cánticos de sirenas que llegan desde costas no tan lejanas, han provocado que a mi entender se olvide que en el siglo XXI, la razón misma de un sindicato es la capacidad de influir, la capacidad de negociar y la capacidad de llegar a acuerdos.

En el otro actor, el Gobierno, las cosas no han pintado mucho mejor. Acosado y acorralado por los mercados, por la crisis, por la derecha mas rancia y también por la desilusión, ha intentado bandear la situación, alguna de las veces con ciertas actuaciones no suficientemente explicadas.

Creo que se acabaron los tiempos de puesta en escena, los sindicatos y el gobierno se necesitan y a la vez los ciudadanos como decía al principio, necesitamos unas organizaciones sindicales capaces de cumplir con sus fines mismos, como a un Gobierno que encara la salida a las crisis en clave social, y al lado de los mas desfavorecidos. Ya no valen la líneas rojas, solo vale la creatividad en la negociación, el compromiso con la sociedad y el coraje de ponerlo en marcha. Si no es así, perderemos todos, bueno quizás los mercados y sus representantes en la tierra sean los únicos que ganen. Es la hora de borrar las líneas rojas.