jueves, 28 de abril de 2011

METODO APLICADO A LAS ELECCIONES

Llevo una semana empujando una silla de ruedas, y aunque siempre he sido partidario de que nuestros pueblos y ciudades deben ser habitables, accesibles para toda la ciudadanía, atendiendo a las diferentes circunstancias de cada uno. Pero durante esta semana he aprendido lo hostil que puede llegar a ser una ciudad si te tienes que moverte en silla de ruedas. Y es que los responsables de nuestras ciudades pocos van en silla de ruedas, y como los actores necesitarían aprender con la experiencia en sus propias carnes.
Entre los principios del Sistema Stanislavski están que, el actor debe aprender a visualizar los sucesos de la vida del personaje, para que así, al hablar de ellos, comunique al menos una pequeña parte de lo que sabe acerca de los mismos, asi como que, si el actor, ve por sí mismo aquello sobre lo que debe hablar o de lo que debe convencer a su interlocutor en escena, conseguirá conquistar la atención del espectador con sus visiones, convicciones, creencias. Con sus sentimientos
A partir de estos dos principios, lo tengo claro, montar una academia basada en el Sistema Stanislavski, para candidatos y candidatas; pero con muchas practicas y poca teoría. Uno de los primeros ejercicios será el hacer un recorrido en silla de ruedas por la ciudad a la que aspiran gobernar (tiempo estimado 4 horas). El segundo dia, la venda en los ojos, y a por la ciudad que te recibe con los brazos abiertos, y los socavones, y los pasos sin cebra….
Se pueden organizar jornadas monográficas con cada uno de los problemas que sufrimos en nuestras ciudades, y poner a los candidatos en situación, vamos trabajo de campo que dicen.
Asi, durante una semana, muy tonta tendría que haber sido mi li-deresha,  Teófila Martínez, si  antes de ser elegida hubiera seguido este curso, seguro que no habría aprobado ese carril para bicis en el Campo del Sur, ¿o sí? No sé.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Creo que la idea de las jornadas monográficas es muy interesante.

Unknown dijo...

Ya te digo Nicolás, alguno aprendería