miércoles, 18 de mayo de 2011

¿QUE LAS COSAS CAMBIEN, O CAMBIAMOS NOSOTROS LAS COSAS?

La verdad que escuchando las reivindicaciones de lo que algunos intentan asimilar a los movimientos que recientemente se han producido en ciertos países Arabes, es difícil no estar de acuerdo con ellas, sobretodo porque son los problemas reales que nos encontramos en cualquier calle, en cualquier plaza, en cualquier pueblo de este país.

¿Quien no esta indignado con los cinco millones de parados?.¿
Quien puede estar conforme con el que, en algunos sitios, mas del cincuenta por ciento de los jóvenes no puedan trabajar?¿Quien, con dos dedos de frente puede afirmar que nuestro sistema democrático no se resiente de que algunos corruptos, perdón presuntos corruptos, encabecen o formen parte de las listas electorales?.....

Podría seguir y seguir con miles de situaciones que a muchos nos indignan, sinceramente creo que a casi todos. Es mas, creo que todas las formaciones, entidades, partidos, movimientos, me da lo mismo como denominarlas, suscriben o han suscrito dichas peticiones, de una forma u otra, al ser problemas reales, nadie se tapa los ojos.

El movimiento que se viene visualizando estos últimos días, lejos de ser un grupo de perro-flautas, de gente antisistema, de ociosos, que también están presentes, es la puesta en escena de los problemas, de las situaciones reales por las que atravesamos. Quizás el problema es que, al intentar ser un amplio movimiento sin líderes, sin organización, al menos conocidas, se convierte automáticamente es una petición de cambio, de cambios, algunos de ellos contradictorios que hace del mismo una presa fácil de manipulación mediática o de grupos de presión no siempre claros.

Se convierte por propia definición en la cristalización de que las "cosas" cambien,pero que las cambien ¿Quien? ¿Los imputados que posiblemente gobernaran algunos ayuntamientos o comunidades? Parece que va a ser que no.

1 comentario:

Nicolás dijo...

Todavía es posible soñar que las cosas pueden cambiar pero los cambios vendrán forzados por la calle y no desde los despachos.